viernes, 14 de marzo de 2014

Capítulo 1: La calma que precede


Era un miércoles cualquiera, Demian miraba cansado el viejo reloj del bar, las 11 de la noche y seguían abiertos, aunque al parecer solo para un par de frecuentes tertulianos que aun tenían su octava cerveza calentándose encima de la mesa, un joven  que entraba a comprar tabaco y una mujer con el maquillaje corrido y la cabeza apoyada en la barra que difundía lo cabrones que son los hombres en general. Básicamente, un miércoles cualquiera.

Cuando Demian ya estaba a punto de ir a recoger las mesas, una última persona entro en el polvoroso antro. Su figura destacaba de las demás: rubia, de estatura media, con ropa cara y mirando en todas las direcciones. Por fin sus claros ojos encontraron lo que buscaba, su mirada se cruzo con la de Demian y este pudo notar cómo le examinaba de arriba abajo, como pasaba de los pliegues de su vieja ropa de camarero a los más detallados rasgos de su cara que tan bien escondía su barba. Fue entonces cuando un escalofrío le recorrió la espalda y supo que algo no iba bien y que esa chica le traería problemas, sin embargo no pudo evitar quedarse quieto mientras ella se acercaba lentamente a la barra.

            ‒  Disculpe, ¿es usted el señor Demian Hovack?‒preguntó muy educadamente

            ‒  Sí, ¿qué quieres tomar?

            ‒ Señor Hovack, no estoy aquí para tomar nada, he venido para hablar con usted.

‒ ¿Conmigo? Cuantas molestias, con una llamada o un e-mail habría bastado.‒ respondió él, intentando evadir el tema.

            ‒ Sí, pero pensé que el tema merecía un trato más… personal.

‒ Pues, salgo en media hora, si no te importa esperar puedes sentarte donde quieras.

La chica miró a su alrededor, las polvorientas paredes, la poco respetable clientela y el ambiente cargado de humo.

            ­‒ Esperare fuera‒ dijo con una mueca de asco en la cara.

            ‒ Como quieras

Una hora después el bar estaba vacío y Demian salió por la puerta principal cerrando la persiana. La chica aún esperaba sentada en un banco en frente del bar, cuando le vio se puso en pie y caminó hasta él enfadada por la larga espera.


            ‒ Nadie me había hecho esperar así y más aún sin disculparse­‒sentenció la chica

‒ Tampoco nadie ha entrado nunca en mi bar únicamente para consumir una conversación conmigo.­‒ replicó Demian mientras cerraba con la llave.

­‒ Señor Hovack, sé perfectamente quien es. Usted es el periodista que casi desvela la relación del alcalde con la familia Tornatto.­

La cara de Demian cambió por completo, miró a la chica preguntándose cómo alguien podía haber averiguado su secreto.

            ‒ ¿Cómo te llamas? ‒preguntó con mucho más interés que antes.

‒ Soy Evelyn Golteard, mi padre es uno de esos nuevos ricos, amigos del alcalde y sinceramente, odio todo lo que representa la gente como el alcalde o mi padre. Llenos de falsedad e hipocresía, prometiendo salvar la ciudad del crimen y llenándose los bolsillos a escondidas con los Tornatto…‒ Evelyn iba bajando la cabeza, faltándole fuerzas para continuar.

‒ Mira, no quiero meterme en líos y no me voy a poner a arreglar tus problemas con papi. Así que se una buena niña rica y no hagas preguntas que puedan destrozarte, tu solo disfruta de tu suerte.

Demian ya estaba comenzando a caminar calle abajo cuando Evelyn comenzó a gritarle.

‒ ¡Señor Hovack! Necesito que me ayude, usted sabe lo suficiente para pararles los pies a todos ellos.

‒ ¡Y también para que nos maten a ambos! Vuelve a casa, esta conversación ha terminado.‒Replicó sin volverse

Ya estaba a punto de doblar la esquina cuando Evelyn echó a correr hasta alcanzarlo y le susurro al oído unas palabras que hicieron que volviera a quedarse atónito por segunda vez esa noche.


‒Señor Hovack, si no me ayuda me asegurare de que todo el mundo se entere de que sigue vivo y de que salgan a la luz todas las investigaciones que hizo como periodista. Me va a ayudar, quiera o no.

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